Un Compromiso por la Vida

El 2019 dejó en Ecuador más de 106 casos de mujeres víctimas de femicidio, lo que supone que en Ecuador se produjo un asesinato de este tipo cada 71 horas. Además 12 fueron reportadas como desaparecidas, la mayoría de las mujeres son jóvenes. El 61 % contaba con edades de entre 19 y 39 años; el 8 % eran adolescentes; el 18 % tenía entre 40 y 64 años y el 4 % eran adultas mayores. Estas cifras no sólo deberían alarmarnos, deberían ser la razón que nos motive a cuestionarnos como sociedad que podemos hacer para evitar que estas estadísticas sigan creciendo.

El femicidio es un crimen de odio, un crimen machista que acaba con una mujer porque se la considera objeto – propiedad de quien debe dominar, controlar, poseer y decidir sobre su vida. Al finalizar el feriado de carnaval la ciudad de Guayaquil se ha visto conmocionada por un femicidio que cobró la vida de una joven mujer y su pequeño hijo en manos de su pareja, es una realidad, a las mujeres las están matando mientras como Estado no se hace nada para evitarlo.

Tenemos una ley aprobada en la Asamblea Nacional en el 2017, que establece un modelo integral de prevención y erradicación de femicidios, en el 2017 el Presupuesto para la Prevención y Erradicación de la violencia de genero era de aproximadamente 8 millones de dólares, en el que desde 2018 se ha reducido significativamente hasta los $600.000 en el Presupuesto General del Estado 2020, a esto hay que sumar lo poco o casi nada de recursos de los gobiernos provinciales y cantonales puestos en la atención de esta problemática. Es imperante que suscribamos como autoridades electas desde las diversas funciones del Estado y desde los diversos niveles de gobierno, un plan nacional con carácter de urgente que permita atender la estocada de violencia que hoy sufren las mujeres por su condición de género. No podemos seguir viendo impávidos como golpean, violan y matan a las mujeres, sin que se tomen medidas para impedirlo. 

No se trata tan solo de atender la violencia contra la mujer en su aspecto más visible, cuando esta ocurre, se trata también de establecer un modelo sistemático de prevención que nos involucre a todos, y por prevención entiéndase formar al nuevo actor social (hombre o mujer)  incapaz de agredir o violentar a otro ser humano, especialmente a las mujeres. Se trata de formarnos para una convivencia de paz y buen trato. Para el efecto se requieren reformas en el modelo educativo formal, que involucren una educación con enfoque de equidad y respeto, se requiere implementar redes de solidaridad en las comunidades que contemplen la formación en derechos de la mujer y emprendimientos de economía popular y solidaria que permitan a las mujeres la independencia económica, porque la violencia patrimonial hacia las mujeres es otra forma de dominación que mantiene a las mujeres sujetas a una relación maltratante.  

Erradicar la violencia de género debe ser un compromiso que hagamos como sociedad, donde el Estado haga su parte y donde cada uno de nosotros se comprometa a velar por formar mujeres empoderadas de su condición de seres humanos con derechos y hombres en extremo respetuosos de la vida, sin posibilidad alguna de violentar a una mujer porque la conciben como igual, como persona. Debemos parar esta escalada de violencia social e inseguridad que estamos viviendo, debemos para con crímenes execrables como las violaciones, debemos parar contra el atentado a la vida de las mujeres. LAS QUEREMOS VIVAS, LIBRES Y SIN MIEDO. #NiUnaMásNiUnaMenos

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